El Capitalismo en nuestra Cuerpa
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- 20 ago 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 ago 2020
Por Raquel Graciela.
Alguna vez escuche que el patriarcado era como una comida, revuelto de diferentes ingredientes jerárquicos; es imposible intentar imaginar nuestra cuerpa fuera de este sistema, de estas reglas; sin embargo, en días de cuarentena he podido reflexionar acerca de la productividad de mi cuerpa. Sí, así, mía e intransferible (aunque en otras épocas con grato placer lo hubiera hecho, cambiarla); esa que cuando veo cuerpos sin piel en museos y libros no aparecen sus glándulas mamarias, esa que ni con modelos plus size se identifica, esa que (poniendo en mesa y dudando el qué será ser mujer) afirma que no es un varón; y que no es para un varón.
En éstos días de encierro, con un enemigo invisible; me he llegado a sentir poco productiva (ni reproductiva, lo que se suma por mí construcción social de mujer), a lo que mi cuerpa y encéfalo respondían con ansiedad, angustia; o peor, la sensación e idea de que “no tiene mucho valor mi vida en estos días”. Así que pensé, “¿qué hacer para sentir ese valor en mi vida?” y mejor aún: “¿Por qué es tan necesario sentir ese valor?” ¿…por qué habría de ser necesario el valor?
Cuando niña, pensaba en la vida y en la muerte (en la juventud, más ocasionalmente en la muerte); y me angustiaba el no hallarle un fin a la existencia, ni siquiera a la humana. Hasta hace media década atrás aproximadamente, que me rompieron el corazón; que concluí con gran dolo (porque era algo que realmente no dependía de mí), que quería vivir para amar y ser amada. Dándole valor al vivir, por el placer de sentir.
Tiendo a pensar, me gusta reflexionar como a algunos jugar videojuegos o a quienes les gusta bordar y tejer; y me volvió a asaltar la idea de la muerte, lo que implica la muerte, y también; en lo viva que me hacía sentir eso: en el cómo me gustaría que fuera después de mí, o en el cómo me gustaría morir. Pero sobre todo en el cómo siento el antes de morir; en el cómo huele el aire, el cómo se siente abrazar a mi novia; incluso, en el cómo se siente despedirme de mi familia. En el cómo se siente de diferente o de la misma manera, el habitar un mismo lugar. Me gusta mucho pensar en la muerte porque me recuerda el sentir estar viva.
A lo que, concluyo: se me ha llenado la cabeza que mi cuerpa tiene que ser de cierta manera para ser amada, para no ser vulnerable y; sobre todo, para no ser rechazada; que tiene que producir y reproducir para que tenga valor. En lo bien que se me ha instruido como para que piense en ¿cuál es el valor de mi existencia?; ¿se necesita un valor añadido?, ¿Qué acaso, cada vida tiene valor por el hecho de estar con vida?
Soñaba en ser una gran escritora como J.K. Rowling, que pagarán por leerme (y confieso que aún lo sueño); más he comprendido que el descapitalizar el conocimiento es un acto político, en el que no sólo algunos y algunas personas privilegiadas puedan acceder al conocimiento; y que como cada escritora, no sólo es hablar de mí, es dejar de callar lo que nos ha negado, se nos ha visibilizado. Por ello, aviento mis letras al mundo; esperando que si a alguna chica le llegan y le sirvan, deseo que tengan las mismas oportunidades que yo he tenido para liberarme de la culpa originaría: el patriarcado.
Raquel Graciela.
Bailarina desde los 6 años por la RAD of London, y dejando dichos estudios a los 16 por ser gorda. Lesbofeminista desde los 18 y motivada a estudiar psicología en el CICS-UST IPN por haber crecido en un ambiente de violencia familiar. Fue ahí que tuve mis primeros acercamientos a la psicología social y a los estudios de Género. Me recuerdo con un gran corazón roto; pero lo que me ayudó a no morir , fue retomar el baile. Esto me llevó a realizar danzas como bellydance, rockabilly, swing, jazz y contemporáneo. Actualmente llevo la página de fb Corpogensen. Psicología feminista; así como he dado Sensibilización y Capacitación a empresas y universidades. Llevo una alegre relación lésbica con dignidad y rabia.
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